¡Qué alegría ver que todos los que han desfilado por aquí, por los apartamentos de Alcossebre Sea Experience, lo hayan pasado tan bien como dicen en sus comentarios. Ojalá que yo pudiera decir lo mismo, escribir lo mismo, pero por desgracia, desde el primer momento, en mi caso fue justo todo lo contrario! Y tan contrario fue que incluso ahora, diez días después de salir volando de allí, sigo recordando la amargura de una estancia de cinco días, en vez de recordar con nostalgia el murmullo del mar, en vez de añorar esas playas doradas que están allí, sí, en Alcossebre, lugar hermoso como pocos y lugar donde nunca pensé que yo sufriría una experiencia tan amarga como la que soporté en Alcossebre Sea Experience. Verán: Para abrir boca, y nada más llegar, la llave electrónica de la habitación no funcionaba ni a tiros: "No se preocupe usted, mañana por la mañana le damos una de verdad, una que sí abra la puerta de su habitación". ¡Ah, genial! Pasaron cuatro días (con varios toques telefónicos de por medio míos preguntando por la llave), pero nunca llegaba la famosa llave, por lo que no tuvimos más remedio que aprendernos de memoria un código de seis números y pulsar y otra vez los numeritos cada vez que queríamos entrar al hotel, entrar al parking o entrar en la habitación. Aprovechando el contexto, y para dejar las cosas claras, me pareció útil y necesario dar cuenta de que nada más entrar en la habitación, y sin que nadie nos advirtiera de ello, vimos que el cristal de la habitación estaba roto (adjunto foto), lo que daba una imagen deplorable de dejadez y de nula consideración por quien está pagando a precio casi de oro una habitación que das por hecho que no tiene los cristales rotos, claro está; también les informé de que una mesa de mala muerte que andaba por allí tenía una de sus tres patas medio rota, y ya de paso les comuniqué que la tapa de la papelera del baño sufría del mismo mal, si bien se me olvidó advertirles, y por eso lo hago ahora, que el suelo de su ducha era realmente peligroso porque se resbalaba uno al ducharse. Como quiera que el día de la llegada, antes de ver y sufrir lo ya mencionado, quise ampliar mi estancia una noche más por haberme equivocado en la reserva, y se me dijo que en ese caso el precio de la habitación por una noche más subía casi cien euros de golpe y porrazo, o sea, por arte de birlibirloque, no me pareció entonces descabellado, sino incluso necesario y congruente, preguntar al final de mi estancia qué indemnización me iban a dar por toda la pesadilla ya narrada, en la que, por cierto, se me olvidó mencionar el humo (y sobre todo el olor a comida) que emitía la chimenea de un restaurante (adjunto foto) que precisamente está justo al ladito de la habitación sin llave que se me asignó, o sea, la del cristal roto, la de la mesa rota, la de la ducha escurridiza y la de la papelera inservible del "Alcossebre Sea Experience 4 Estrellas": Sí, sí, han oído bien: cuatro estrellas, nada más y nada menos..., pero ni siquiera el director del hotel, a quien tuve que recurrir inexcusablemente para manifestarle mi malestar y extrañeza ante lo que me estaba ocurriendo en este lugar, me dijo nada de nada al respecto: me refiero, claro, al tema indemnizatorio, pues en relación a todo lo demás tuvo excusas sobradas y abundantes. Se me olvidó darle las gracias, por eso lo hago también ahora, por el "obsequio" gratuito de fruta y bollería del que nos hablaron en la recepción justo a la llegada, y que luego vimos (éramos dos personas) en qué consistía: una manzana verde y dura sin madurar y un bollito industrial (adjunto foto porque una imagen vale más que mil palabras): una desgracia, en fin, ...y encima, al menos de momento, sin indemnización, la cual, como es lógico, sigo esperando. Es más: doy por hecho que la obtendré: no olviden que me he alojado en un "cuatro estrellas". Es más: en un cuatro estrellas en el que hasta ahora nadie, absolutamente nadie --me subrayó el señor director--, se ha quejado al señor director como lo hice yo en la mañana del pasado 4 de junio de este venturoso 2025. Ojalá mi protesta sirva para que a partir de ahora continúe esa tónica de "todo maravilloso lo que aquí ocurre normalmente", de la que él me habló, y que, en consecuencia, a nadie le amarguen, como me ocurrió a mí, los cinco días de escapada a Alcossebre desde no pocos cientos de kilómetros de distancia. En un principio, antes de que me amargaran mis vacaciones, pensaba quedarme más días allí, en Alcossebre, ¡vaya!, pero a la vista de lo visto me fui de allí volando, y me fui lejos, muy lejos, huyendo de una pesadilla que se agrandó incluso aún más debido al comportamiento impertinente e inadmisible de un individuo que tienen en recepción y que sin duda fue el auténtico culpable de mis desgracias, todas ellas narradas con pelos y señales al director del hotel, de quien he de decir que, al contrario del mencionado individuo, fue correcto, comprensivo y amable en todo momento conmigo durante nuestra conversación, al tiempo que me pidió sinceras disculpas tras escuchar mis quejas y andanzas mediterráneas. Eso sí: lo de la indemnización de la que le hablé la pasó por alto: ni dijo sí ni dijo no; como si no fuera con él. Por eso se lo recuerdo de nuevo aquí. Porque sí va con él. Y porque tengo derecho a ella: ¿verdad que sí, señor director?